Más allá de la frontera: diversidad cultural, alimentación y salud en Melilla
Más allá de la frontera: diversidad cultural, alimentación y salud en Melilla
Estos días de agosto de 2026, hemos presenciado un hecho insólito en la frontera de Ceuta entre España y Marruecos. Decenas de miles de personas consiguieron cruzarla a nado y alcanzaron la playa del Tarajal. En el camino, más de 140 personas fallecieron, la mayoría ahogadas. Finalmente, la gran mayoría regresaron a Marruecos por propia voluntad. Periodistas, políticos y comentadores varios han debatido intensamente sobre los motivos que llevaron a estas personas una empresa tan arriesgada. Pero más allá de eso, hemos visto a la ciudadanía de la ciudad desbordada por una cantidad inmensa de personas que llegaban masivamente. Desbordada, pero unida. Y eso a pesar de las diferencias culturales y religiosas que perviven entre los ciudadanos.
¿Qué tiene que ver esto con el objeto de este blog? Pues precisamente, que las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, debido a su diversidad cultural, son un buen laboratorio para analizar cómo los estilos de vida influyen en la alimentación. En muchas ocasiones, los estudios científicos se han centrado en grupos poblacionales muy homogéneos, como de ascendencia europea blanca, porque son más accesibles o más fáciles de realizar para los investigadores 1. La falta de diversidad poblacional en los estudios afecta la equidad en los beneficios clínicos derivados de la investigación. La incorporación de diversos grupos étnicos es crucial para garantizar que los avances beneficien por igual a todas las poblaciones, en lugar de reforzar las desigualdades existentes. Por tanto, es necesario realizar estudios sobre poblaciones con diversidad étnica, religiosa y cultural, y para ello, Ceuta y Melilla presentan una oportunidad que no se debe desaprovechar.
Nuestro grupo de investigación del Instituto de la Grasa-CSIC, colaborado desde hace años con la Universidad de Granada en estudios en la ciudad de Melilla. Un estudio realizado entre 257 estudiantes universitarios evaluó la calidad de la dieta y los hábitos alimentarios según la religión profesada 2. Los resultados mostraron que los estudiantes cristianos presentaban una mayor prevalencia de sobrepeso que los musulmanes. Además, los universitarios musulmanes tendían a omitir con más frecuencia el desayuno y la cena. En cuanto a la ingesta de nutrientes, los hombres cristianos consumían más sodio, mientras que las mujeres musulmanas presentaban una ingesta más elevada de colesterol. Como era de esperar, las diferencias más marcadas se observaron en el consumo de alcohol y tabaco. Los estudiantes cristianos consumían más alcohol y fumaban con mayor frecuencia, mientras que los musulmanes mostraban un riesgo significativamente menor de consumir bebidas alcohólicas. Sin embargo, la calidad global de la alimentación fue baja en ambos grupos y la adherencia a la dieta mediterránea resultó escasa, independientemente de la religión o el sexo
Este año, hemos publicado dos artículos de otro estudio en adolescentes musulmanes de Melilla. En concreto, se trataba de explorar en un pequeño grupo de 31 adolescentes entre 15 y 17 años, cómo era su consumo de ultraprocesados y cómo se asociaba con marcadores de obesidad y riesgo de diabetes tipo 2. Los participantes completaron registros dietéticos y cuestionarios de frecuencia de consumo, y se recogieron medidas antropométricas y muestras de sangre para analizar glucosa, perfil lipídico y marcadores inflamatorios.
Los resultados mostraron una elevada presencia de alimentos ultraprocesados en la dieta: casi la mitad de la energía consumida diariamente (49,1%) procedía de este tipo de productos 3. Además, el 71% de los participantes presentaba una adhesión muy baja a la dieta mediterránea, un patrón alimentario reconocido por sus beneficios para la salud.

El resultado más llamativo fue que un mayor consumo de alimentos ultraprocesados se asoció con indicadores de adiposidad y alteraciones metabólicas relacionadas con el riesgo de diabetes tipo 2 4. En particular, se encontró que los adolescentes que consumían una mayor proporción de energía procedente de ultraprocesados también presentaban mayores indicadores de sobrepeso y obesidad como el índice de masa corporal (IMC), el porcentaje de grasa corporal, el perímetro de cintura y el índice cintura-altura. Además, estos chicos y chicas tenían mayores niveles de glucosa en ayunas. Estos resultados sugieren que los adolescentes que consumen más ultraprocesados presentan una tendencia hacia una mayor adiposidad central y un peor control glucémico, dos factores estrechamente vinculados al desarrollo futuro de diabetes tipo 2. En particular, la obesidad central o visceral, ha mostrado ser más peligrosa como factor de riesgo frente a las enfermedades metabólicas, como las cardiovasculares y la diabetes 5.

Estas enfermedades, además, tienen otros patrones comunes, como estar vinculadas a procesos de inflamación crónica de bajo grado. Por ello, también medimos la presencia en sangre de marcadores de inflamación en los adolescentes melillenses. Entre los hallazgos, encontramos que las chicas presentaban concentraciones más elevadas de las citoquinas pro-inflamatorias IL-7, IL-10 e IL-13, mientras que los chicos mostraron mayores niveles de MIP-1β. Además, algunas citoquinas se correlacionaron con determinados marcadores antropométricos y lipídicos. Por ejemplo, la IL-8 mostró asociaciones positivas con el perímetro de cintura y el IMC.
Además, el consumo de ultraprocesados se asoció con mayor presencia de ácidos grasos saturados en los eritrocitos y mayores concentraciones de ácidos grasos poliinsaturados omega-6 en las VLDL. En cambio, mostraban niveles más bajos de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 tanto en los eritrocitos como en las VLDL. Las VLDL son lipoproteínas ricas en triglicéridos, que tienen características pro-aterogénicas, es decir, favorecedoras de la formación de placas de ateroma en las arterias. La presencia de ácidos grasos omega-3 en estas lipoproteínas se asocia con menos triglicéridos en sangre y menos probabildiad de formación de placas. Así que una dieta rica en alimentos ultraprocesados podría contribuir a desplazar grasas consideradas beneficiosas, como los omega-3, y favorecer un patrón lipídico relacionado con un mayor riesgo cardiometabólico a largo plazo.
Este estudio es relevante porque, aunque los adolescentes de esas edades no suelen tener aún este tipo de enfermedades, sí empiezan a estar predispuestos por su tipo de alimentación. Los hábitos de vida, incluyendo la dieta, son algunos de los factores de riesgo más importantes y este estudio sugiere que un mayor consumo de alimentos ultraprocesados podría asociarse con una mayor acumulación de grasa abdominal, niveles más elevados de glucosa en ayunas y un estado pro-inflamatorio en adolescentes musulmanes de Melilla. Aunque se necesitan investigaciones con muestras más amplias para confirmar estos resultados, los datos apoyan la importancia de promover patrones alimentarios basados en alimentos frescos o mínimamente procesados durante la adolescencia para evitar complicaciones presentes y futuras.
De todos modos, el trabajo tiene un carácter exploratorio y piloto. La muestra fue pequeña y no representativa de toda la población adolescente de Melilla, por lo que los resultados deben interpretarse como generadores de hipótesis más que como conclusiones definitivas. En cualquier caso, este estudio no solo pone de manifiesto la necesidad de mejorar la educación nutricional y la accesibilidad de los adolescentes a alimentos más saludables, sino que se debe trabajar con grupos poblacionales minoritarios, que tantas veces se encuentran infrarrepresentados en los estudios científicos.
Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.
- Van Rijssel TI, Van Delden JJM, Lagerwaard B, Zuidgeest MGP, Van Thiel GJMW. Diversity in decentralized clinical trials: prioritizing inclusion of underrepresented groups. BMC Med Ethics. 2025;26(1):51. doi:10.1186/s12910-025-01211-7
- Navarro-Prado S, González-Jiménez E, Perona JS, Montero-Alonso MA, López-Bueno M, Schmidt-RioValle J. Need of improvement of diet and life habits among university student regardless of religion professed. Appetite. 2017;114:6-14. doi:10.1016/j.appet.2017.03.017
- Mohatar-Barba M, López-Olivares M, González-Jiménez E, et al. The Effect of Ultra-Processed Food Consumption and Physical Activity on Fatty Acid Profiles in Young Muslims in Melilla. Healthcare (Basel). 2026;14(10):1415. doi:10.3390/healthcare14101415
- Mohatar-Barba M, López-Olivares M, González-Jiménez E, García-González A, Perona JS, Enrique-Mirón C. Consumption of Ultra-Processed Foods and Biochemical Markers Predictive of Type 2 Diabetes Mellitus in a Self-Selected Pilot Sample of Muslim Adolescents in Melilla. Foods. 2026;15(2):319. doi:10.3390/foods15020319
- Griffith ML, Younk LM, Davis SN. Visceral Adiposity, Insulin Resistance, and Type 2 Diabetes. American Journal of Lifestyle Medicine. 2010;4(3):230-243.
doi:10.1177/1559827609360959