Nos puede parecer que algunas de las tendencias alimentarias actuales son muy modernas pero podemos equivocarnos. Es el caso del vegetarianismo/veganismo. Esta práctica es ancestral y los primeros datos acerca de personas que no consumen alimentos de origen animal se remontan a la religión jainista del Indostán, que surgió en el s. VI a.C. Desde entonces, hasta hoy, muchas culturas ha incluido las diversas formas del vegetarianismo. En Europa estuvo a punto de desaparecer tras la cristianización del imperio romano, pero se recuperó en el Renacimiento.

En 1847 se creó la primera sociedad vegetariana en el Reino Unido, pero unos 35 años antes ya había debates sobre el tema en las revistas científicas de la época. En particular, me parece apasionante el que mantuvieron dos personas anónimas, probablemente médicos de profesión, en sendas cartas enviadas a la revista The Medical and Physical Journal en 1811 y 1812, ambas escritas en inglés.

En octubre de 1811, un tal «Sentido Común» (escrito en inglés, Common Sense) publicó sus «Las razones del escritor para no comer alimentos animales»1. Unos meses después, alguien que se autodenominó «Servidor de la Narturaleza» (escrito en griego, Φύσεως Ακὀλουϑος) respondía con sus «Razones para comer alimentos animales»2.

Creo que es enriquecedor y que merece la pena reproducir aquí el debate, no solo por curiosidad, sino porque contiene muchos de los argumentos que se esgrimen hoy en día a favor y en contra del veganismo. Además, están las razones anticientíficas en ambos argumentarios (recordad que estamos a principios del s.XIX), incluyendo referencias religiosas. Espero que lo disfrutéis.

Razones para no comer alimentos animales, por Sentido Común

I. Siendo él mismo mortal y sosteniendo la vida en la misma tenencia incierta y precaria que todos los de más seres sensibles, no se siente justificado por ninguna supuesta superioridad o desigualdad de condición, para destruir el disfrute vital de cualquier otro mortal, excepto en la necesaria defensa de su propia vida.

II. Porque el deseo de la vida es tan primordial, y tan afectuosamente acariciado por todos los seres sensibles, que ni puede reconciliarse con con sus sentimientos para destruir, o convertirse en una parte voluntaria de la destrucción de cualquier criatura viviente, por mucho poder que tenga, o aparentemente insignificante.

III. Porque siente una absoluta e invencible repugnancia en contra de recibir en su estómago la carne o jugos de organización de animales fallecidos.

IV. Porque siente el mismo aborrecimiento contra devorar carne en general, que el que escucha de otros hombres carnívoros cuando se oponen a comer carne humana, o carne de perros, gatos, caballos u otros animales, que en algunos países no es costumbre sean devorados por hombres carnívoros.

V. Porque la Naturaleza parece haber hecho una superabundante provisión para la alimentación de los animales de materia sacarínica de raíces y frutos; de materia farinácea de granos, semillas y legumbres, y de materia oleaginosa de tallos, hojas y pericarpios de numerosos vegetales.

VI. Porque la destrucción de la organización mecánica de verduras no inflige sufrimiento sensible, ni viola cualquier sentimiento moral; mientras que las verduras sirven para mantener su salud, fuerza y ánimo superiores a los de la mayoría de los hombres carnívoros.

VII. Porque durante treinta años de rígida abstinencia de la carne y los jugos de seres sensibles fallecidos, encuentra que no ha padecido ni un día de enfermedad grave; que su fuerza y vigor animal han sido iguales o superiores a los de otros hombres; y que su mente ha sido totalmente igual a numerosas conmociones, que ha encontrado en la malicia, la envidia y varios actos de bajeza de sus semejantes.

VIII. Porque, observando que las propensiones carnívoras de los animales van acompañados de una falta total de sentimientos de simpatía, de sentimientos humanos, tales como los de la hiena, el tigre, el buitre, el águila, el cocodrilo y el tiburón; concibe que las prácticas de aquellos tiranos carnívoros no son ejemplo digno para la imitación o justificación de seres racionales, reflexivos y conscientes.

IX. Porque observa que los hombres carnívoros, desenfrenados de reflexión o sentimiento, incluso refinan la práctica cruel de los animales más salvajes; y aplicar sus recursos y artes para prolongar las miserias de las víctimas de su apetitos, desollando, asando y cociendo animales vivos, y torturándolos sin reserva ni remordimiento, si de ese modo añaden variedad o delicadeza a su gula carnívora.

X. Porque los sentimientos naturales y las simpatías de los seres humanos en lo que respecta a la matanza de otros animales, son generalmente tan contrarios a su práctica, que pocos hombres o mujeres podrían devorar a los animales si estuvieran obligados a matarlos ellos mismos. Sin embargo, olvidan, o fingen olvidar, los afectos de las criaturas vivas o los sufrimientos de las moribundas, mientras se deleitan con sus restos.

XI. Debido a que el estómago humano parece ser naturalmente tan reacio a recibir los restos de los animales, que pocos podrían participar de ellos si no estuvieran disfrazados y aromatizados por preparaciones culinarias; sin embargo, las criaturas racionales deben sentir que las sustancias preparadas no son menos que lo que verdaderamente son y que ningún disfraz de comida, en sí repugnante, debería engañar las percepciones poco sofisticadas de una mente considerada.

XII. Porque los cuarenta y siete millones de acres en Inglaterra y Gales mantendrían en abundancia a tantos habitantes, si vivieran enteramente de granos, frutas y verduras; pero sostienen sólo doce millones escasamente, dado que el alimento de origen animal ha sido hecho la base de la subsistencia humana.

XIII. Porque los animales no presentan o contienen la substancia alimenticia en masa, como las verduras; cada parte de su economía está subordinada a su mera existencia, y su estructura únicamente compuesta de la sangre necesaria para la vida, de huesos para la fuerza, de músculos para el movimiento y de nervios para las sensaciones.

XIV. Porque la práctica de matar y devorar animales no puede ser justificada por ningún argumento moral, por ningún beneficio físico, ni por ningún alegato de necesidad en países donde hay abundancia de alimentos vegetales; y donde las artes de la jardinería y la agricultura se ven favorecidas por la protección social y por el carácter genial del suelo y el clima.

XV. Porque incluso si el número y hostilidad de los animales depredadores terrestres pudieran tender a impedir el cultivo de alimento vegetal, hasta el punto de hacer necesario destruirlos, y tal vez, comerlos, podría en ese caso no existir la necesidad de destruir las existencias animadas de los distintos elementos del aire y del agua; y, como en la mayoría de los países civilizados no existen animales terrestres más allá de los que se crían a propósito para el matadero o el lujo, por supuesto, la destrucción de los animales, pájaros y peces, en tales países debe ser atribuida ya sea al desenfreno irreflexivo o a la glotonería carnívora.

XVI. Porque los estómagos de los seres locomotores parecen haber sido proporcionados con el propósito de transmitir con el animal en movimiento, sustancias nutritivas, de efecto análogo al del suelo en que están fijadas las raíces de las plantas, y en consecuencia, no se debe introducir nada en el estómago para la digestión y para la absorción por los lecheros1, o raíces del sistema animal, sino las bases naturales de la nutrición simple, tales como las materias dulces, las oleaginosas y las farináceas del reino vegetal.

Fragmento del texto «Las razones del escritor para no comer alimentos animales». Haz click para acceder al documento completo.

Razones para comer alimentos animales, por Servidor de la Naturaleza

SEÑORES,

Al leer, en su número de septiembre, un artículo titulado «Las razones del escritor para no comer alimentos de origen animal», me entretuve en poner por escrito las siguientes observaciones como respuesta. Pero, como no me pareció que la diatriba original contuviera una fuerza argumental o una autoridad tal que tuviera algún peso entre el público, no creí que valiera la pena molestarle sobre el tema. Pero, como es públicamente conocido que un médico impone esta doctrina tanto por precepto como por ejemplo; y, como el público se ha entretenido últimamente con un libro que nos dice que un caballero y una dama han aplicado realmente este sistema durante varios años en su familia, y como es posible que algunos otros niños y dependientes puedan ser lo suficientemente desafortunados como para que se les imponga un régimen por la debilidad o la credulidad de superiores bien intencionados, que probablemente debilite sus constituciones de por vida, creo que vale la pena enviarle para su inserción mis Razones para comer alimentos animales.

1. Porque al encontrarme en este mundo sin ningún acto de voluntad o conciencia, y por lo tanto evidentemente bajo la influencia de algún poder superior, siento que es mi deber de aceptar humildemente las leyes de la naturaleza.

2. Porque la observación y la experiencia demuestran que muchos animales fueron diseñados por la naturaleza para mantener su propia existencia mediante la destrucción de otros. La propia naturaleza, por lo tanto, ha demostrado que es justificable causar la muerte con este mismo propósito.

3. Porque encuentro muy agradable a mi propia naturaleza participar de una buena pierna de cordero o de un buen solomillo de ternera, siempre que tengo la suerte de acercarme a ellos con el cuchillo y el tenedor; y porque observo la misma propensión en los niños, incluso antes de que puedan razonar.

4. Porque no se puede extraer ningún argumento contra el consumo de alimentos de origen animal de la circunstancia de que la carne de todos los animales no es consonante con el estómago humano, más que contra el consumo de vegetales, porque las flores, la hierba y los árboles no son digeribles por el hombre.

5. Porque la naturaleza nos ha proporcionado, y con mano liberal nos los ofrece, animales que parecen haber sido creados para este propósito.

6. Porque es evidente que todo animal recibe su vida sólo con la condición de que la entregue de nuevo; y, como parece haber fuertes razones para creer que simplemente actúan por medio de cosas y circunstancias externas, sin poder dentro de sí mismos de conciencia o reflexión, la mera privación de su existencia, excluyendo la forma en que se pueda hacer, no es para ellos ningún mal.

7. Porque la experiencia personal de casi todo el género humano coincide con la mía, en probar el uso de alimentos animales, sanos, agradables y naturales.

8. Porque no se puede extraer ningún argumento justo contra la dieta animal a partir de la supuesta crueldad de los animales carnívoros. Podría ser suficiente observar que actúan tan bien como nosotros, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, y por lo tanto deben actuar correctamente, podamos probarlo o no. Pero suponemos que un animal carnívoro no es más consciente de que está cometiendo un acto de crueldad mientras devora a otro, que una oveja al comer nabos.

9. Porque las prácticas culinarias no son necesariamente crueles, y es tan poco filosófico como común e injusto argumentar contra cualquier cosa a partir de su abuso.

10. Porque hablar de simpatía sentimental por la muerte de un buey, parece bastante ridículo. Nadie supone que la bestia sienta algo parecido a un sentimiento mutuo, y se ha demostrado que la simple muerte no es un mal para una bestia. El sentimiento adecuado que el hombre debe tener hacia otros animales es el de ser amable y cuidadoso con ellos mientras viven. No necesita preocuparse por el período de su muerte.

11. Porque la naturaleza ha dado a la humanidad ingenio para inventar varios modos de aderezar y preparar la carne de los animales, por los cuales se vuelve más nutritiva y agradable al paladar de las personas en general, que cualquier otra sustancia que pueda emplearse para una alimentación constante.

12. Porque el hombre da así la oportunidad de existir y el consiguiente disfrute, a una clase de seres mucho más numerosa que él. Si sólo empleara alimentos vegetales, su país aparecería comparativamente desolado y deshabitado, excepto por el hombre egoísta y solitario.

13. Porque no hay casi ninguna parte de un animal comestible que no sea apta para la alimentación, o empleada para algún propósito útil, y porque contiene más alimento en menos tiempo que cualquier otro tipo de alimento.

14. Porque la matanza de animales para la alimentación está abundantemente justificada por el beneficio físico, la conveniencia moral y por la necesidad real.

15. Porque los animales están dotados de un poder de procreación tan amplio que, si no se les matara, el hombre no encontraría pronto espacio para sí mismo y sus plantaciones vegetales sobre la faz de la tierra. Los mismos argumentos se aplican a la matanza y el consumo de aves, como de otros animales terrestres. Y, en cuanto a los peces, la Naturaleza no los hizo tan deliciosos para el apetito del hombre en vano; y más allá de todos los demás pueden reparar los estragos cometidos por el hombre en su especie.

16. Porque la ciencia y la filosofía confirman los dictados de la naturaleza sin prejuicios en el apetito por esta clase de alimentos. La anatomía humana y comparada, junto con la fisiología más sólida, demuestran, por la estructura y las funciones de todo el canal alimentario del hombre, que éste fue diseñado para emplear la carne de otros animales como parte de su dieta. El olor es agradable para sus nervios olfativos, sus dientes fueron hechos para morderla, su paladar para saborearla, su estómago para digerirla, y sus diversas secreciones y poderes vitales para asimilarla a su propia naturaleza y constitución. Tampoco hay la menor prueba de que su uso moderado, (y la razón se nos da expresamente para guiar nuestro empleo de cada cosa en este mundo,) sea contrario a la consecución de cualquier grado posible de excelencia y virtud. Su legalidad también podría ser probada por la visión de San Pablo, y muchas otras partes de la Biblia, si se considerara que faltan más pruebas.

Soy, caballeros, su muy humilde servidor,

Φύσεως Ακὀλουϑος (el servidor de la naturaleza)

Fragmento del texto «Razones para comer alimentos animales». Haz click para acceder al documento completo.

Notas:

  1. En el original: and for absorption by the lacteals.

Referencias:

Argumentos a favor y en contra del veganismo… ¡De hace 210 años!
  1. Common Sense. The Writer’s Reasons for Not Eating Animal Food. Med Phys J. 1811;26(152):310-312.
  2. Φύσεως Ακὀλουϑος. Reasons for Eating Animal Food. Med Phys J. 1812;27(155):47-49.
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JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.


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2 comentarios en «Argumentos a favor y en contra del veganismo… ¡De hace 210 años!»

  1. Enhorabuena por la página, el tema me parece superinteresante. Pienso que la alimentación humana sigue siendo uno de los aspectos manifiestamente mejorables en todo el mundo, aunque de forma diferente según el nivel de desarrollo. El post igualmente , pero me hubiera gustado encontrar también razones científicas a favor o en contra. ¿El hierro, las proteínas…? No soy vegetariano estricto, pero francamente pienso que el consumo de carne ha sido imprescindible a lo largo de la historia hasta que se ha comenzado a disponer de una gran diversidad de alimentos. Esto último creo que posibilita prescindir de dicho consumo.

    1. Gracias por el comentario, José Antonio.
      Realmente, no trataba de abrir un debate científico a favor o en contra del vegetarianismo o veganismo. La idea era simplmente mostrar que algunas tendencias que nos parecen muy novedosas se debatían (con poco fundamento científico, cierto es) hace 200 años.
      Saludos y gracias por leerlo.

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