James Cook es conocido por haber descubierto las islas de Australia y de Nueva Zelanda, pero pocos saben que eso fue posible gracias a su insistencia en que sus marineros consumieran frutas y verduras frescas para evitar el escorbuto. Pero si en esa época, no se conocía qué causaba la enfermedad, ¿por qué fue Cook tan insistente y por qué tuvo éxito?

En 1766, la Royal Society, la academia de ciencias del Reino Unido, contrató a este capitán de la Marina Real Británica para una expedición al océano Pacífico. El objetivo de observar y documentar el tránsito de Venus sobre el Sol. De esa forma, se podría calcular la distancia entre ellos de forma más precisa, lo que permitiría calcular las distancias de los demás planetas conocidos, basándose en sus órbitas relativas. Un segundo propósito del viaje era encontrar la Terra Australis, el legendario continente del sur del planeta Tierra.

Mapa de Abraham Ortelius (1570) que representa “Terra Australis Nondum Cognita” como un gran continente en la parte inferior del mapa. Wikipedia.

La expedición partió del Reino Unido en 1768 a bordo del HMS Endeavour y, tras observar el tránsito de Venus en 1769, exploró varias islas del Pacífico, incluidas Australia y Nueva Zelanda, para volver a Inglaterra en 1771, tres años después de su partida. Al contrario de lo que solía ocurrir en esos tiempos, en los que gran parte de las tripulaciones moría durante el viaje, James Cook no perdió a ninguno de sus marineros. Ni siquiera por el temido escorbuto.

Réplica del HMS Endeavour en Sindey. Australian National Maritime Museum, Sydney. Wikipedia.

El escorbuto se cobraba más víctimas entre los exploradores que los nativos enfurecidos, los enemigos de otras potencias marítimas o los temporales. Se estima que en 1499, Vasco da Gama perdió a 116 de los 170 hombres de su tripulación en uno de sus viajes a la India y que en la mayoría de los de Magallanes murieron por este motivo en la primera circunnavegación a la Tierra 1. Los afectados por el escorbuto primero sentían aletargados y con malestar. A medida que avanzaba la enfermedad, los pacientes desarrollaban dificultad para respirar y dolor de huesos. Pero los síntomas más característicos eran la formación de moratones, el sangrado de las encías y otros tejidos y el aflojamiento de los dientes. En las últimas etapas, sufrían ictericia, edema generalizado, fiebres, convulsiones y, finalmente, les llegaba la muerte.

Biblioteca del Almirantazgo, Rama Histórica Naval, Reino Unido.

Nadie sabía qué lo causaba, aunque hay evidencias de que los marinos españoles llevaban cítricos a bordo para evitar el escorbuto antes de la expedición de Cook. En el Archivo de Indias de Sevilla existe documentación que acredita que los galeones españoles embarcaban barriles de “agrios de limón” y de “jarabe de limón” y que era práctica normal en las flotas que surcaban los mares del sur. Además, el fraile agustino y médico español Agustín Farfán publicó en 1579 su “Tratado breve de anatomía y cirugía y de algunas enfermedades que más suele haber en esta Nueva España” donde se recomienda el uso de naranjas y limones para el tratamiento del escorbuto.

A pesar de ello, la demostración de que la inclusión de cítricos en la dieta podía ser usada para tratar el escorbuto llegó en 1747 de la mano de James Lind, un médico escocés 23. El experimento de Lind se considera uno de los primeros ensayos clínicos controlados en la historia de la medicina, a pesar de que 2300 años antes, Aspenaz, jefe de eunucos de Nabucodonosor, ya había realizado un estudio para determinar el efecto de las legumbres en la salud.

Para su ensayo, James Lind separó a los doce marineros enfermos por escorbuto del HMS Salisbury en seis grupos de dos. Todos recibieron la misma dieta pero, además, una pareja recibió un litro de sidra al día, otra veinticinco gotas de elixir de vitriolo (ácido sulfúrico), otra seis cucharadas de vinagre, otra media pinta de agua de mar, el grupo cinco recibió dos naranjas y un limón, y el último grupo una pasta picante más un trago de agua de cebada. Lind consideraba que la putrefacción que tenía lugar en los tejidos de los enfermos de escorbuto podría resolverse con el uso de ácido, razón por la cual administró sustancias ácidas a los participantes de su experimento. Aunque el tratamiento del grupo cinco se detuvo después de seis días, cuando se quedaron sin fruta, para ese momento los dos marineros estaban casi recuperados. Aparte de ellos, solo un marinero de la pareja que recibió sidra mostró alguna mejoría. Lind concluyó que “los resultados de todos mis experimentos fueron que las naranjas y los limones eran los remedios más eficaces para esta enfermedad del mar”. Aunque Lind lo ignoraba, hoy en día sabemos que el principio activo para la cura del escorbuto es el ácido ascórbico (vitamina C) y que se trata de un enfermedad carencial por déficit de esta sustancia en la dieta. La dieta habitual en los buques en aquella época carecía de alimentos ricos en vitamina C. Los marineros subsistían a base de galletas y carne seca de vacuno, y casi no comían fruta ni hortalizas frescas.

Experimento de Lind con cítricos. Instituto de Medicina Naval, Reino Unido.

Veinte años después, la Royal Society aún no estaba convencida de la teoría de Lind y consideraba que el escorbuto podía prevenirse bebiendo mosto e infusiones de malta porque era el resultado de una falta de ‘aire fijo’ en los tejidos. La fermentación de la malta dentro del cuerpo estimularía la digestión y restauraría los gases faltantes4. Por eso, cuando James Cook partió para dar la vuelta al mundo, incluyó en las bodegas del HMS Endeavour malta y mosto, además de carnes secas, cerveza y chucrut, pero no cítricos 5. Aún así, como conocía el Tratado de Lind, Cook ordenó a sus marineros que comieran fruta fresca y hortalizas en abundancia cada vez que la expedición tocara tierra. Por eso, en su expedición, Cook no perdió ni un solo marinero por escorbuto.

Reproducción de la bodega del HMS Endeavour. The Australian.

Tras la de Cook, otra larga expedición que se saldó sin víctimas por escorbuto fue la de Malaspina, de cinco años de duración (1789-1794). Para esta expedición, Pedro González, el médico de Malaspina, sugirió que se incluyeran a bordo naranjas y limones frescos. Aunque se produjo un brote durante el viaje, los numerosos puertos de escala facilitaron la adquisición de fruta fresca y los cinco marineros enfermos se curaron 6. A partir de entonces, todas las flotas del mundo comenzaron a incluir cítricos en sus viajes, salvando las vidas de numerosos marineros y pasajeros.

Cómo James Cook fue capaz de ir y volver a Australia sin perder a ningún marinero por escorbuto
  1. Lamb, Jonathan. Preserving the self in the south seas, 1680–1840. University of Chicago Press. 2001. p. 117
  2. Baron, Jeremy Hugh. “Sailors’ scurvy before and after James Lind – a reassessment”. Nutrition Reviews. 2009;67 (6): 315–332. doi:10.1111/j.1753-4887.2009.00205.x
  3. James Lind. A Treatise on the Scurvy: In Three Parts, Containing an Inquiry Into the Nature, Causes, an Cure, of that Disease, Together with a Critical and Chronological View of what Has Been Published on the Subject. 1977. p. 149
  4. Vale and Edwards. Physician to the Fleet; the Life and Times of Thomas Trotter 1760-1832. Woodbridge: The Boydell Press. 2011;pp. 29–33
  5. Stubbs, B. J. Captain Cook’s Beer; the anti-scorbutic effects of malt and beer in late 18th century sea voyages. Asia and Pacific Journal of Clinical Nutrition. 2003;12 (2): 129–37
  6. Fernandez-Armesto, Felipe. Pathfinders: A Global History of Exploration. W.W. Norton & Company. 2006; pp. 297–298
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JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.


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