En una escena de la película Captain Fantastic, que transcurre en un autobús, Ben Cash (interpretado por Viggo Mortensen), pregunta a su hija Kielyr (Samantha Isler) qué está leyendo. Ella le muestra “Lolita”, la célebre novela de Nabokov. Cuando Ben le pide una opinión, Kielyr responde que es “interesante”. En ese momento, el resto de los hermanos gritan “¡palabra ilegal! ¡palabra ilegal!”. Os dejo un fragmento de la escena.

¿Por qué los hijos de Ben Cash gritan “palabra ilegal”? ¿Por qué la palabra “interesante” es ilegal? El propio protagonista de la historia aclara que el abuso que hacemos de esta palabra para valorar a otras personas o su trabajo le ha quitado el significado, reduciéndolo a nada.

¿Cuántas veces al día escuchas la palabra “interesante” para describir algo o a alguien? Probablemente, muchas. Según la RAE, interesante es algo “que interesa o es digno de interés”, pero eso nos dice muy poco, ¿no? Quizá el diccionario de Espasa-Calpe nos ayude un poco más. En su primera acepción de la palabra, nos dice que interesante es importante, atractivo.

Cuando no queremos mojarnos

Si siempre usáramos la palabra “interesante” con el significado de importante o atractivo, estaríamos aportando algo de valor a la expresión, pero en la gran mayoría de los casos no lo hacemos. Ni siquiera le añadimos a la frase el motivo real por el que nos parece interesante. Eso es así porque realmente usamos la palabra como un comodín para salir del paso y no tener que dar explicaciones. Al usar interesante, se hace una descripción muy ambigua y se evita ofrecer al interlocutor el significado o contexto completo de por qué su trabajo llamó (o no llamó) su atención.

El uso de “interesante” es especialmente inútil cuando nos están pidiendo un feedback. Si alguien nos pide que evaluemos su trabajo o el trabajo de otra persona y respondemos “interesante”, no estamos aportando información de utilidad. Es decir, no estamos proporcionando nada que permita extraer conclusiones que puedan emplearse para tomar decisiones al respecto. Es una pérdida de tiempo. Por favor, si un día asistes a una presentación mía, no me digas que te pareció interesante.

Nos hemos vuelto vagos

Entonces, ¿cómo distinguimos interesante-comodín de un interesante-real? No os lo vais a creer: usamos superlativos como «bastante interesante», “más que interesante”, “muy interesante”, “demasiado interesante”, “interesantísimo”, “súper interesante”, “extremadamente interesante”, etc. ¡Pero seguimos empleando la misma palabra! Mirad este recopilatorio de Twitter.

Hemos incorporado la palabrita a nuestro lenguaje hasta tal punto que es lo primero que se nos viene a la cabeza y, en vez de buscar otra, la amplificamos.

Un ejemplo. Si alguien hiciera la siguiente afirmación,

“La presentación me pareció interesante”

¿Qué es lo que realmente quiere decir? ¿Le gustó la presentación? ¿O no le gustó, pero no lo quiere decir? En cambio, si dijera,

“La presentación me pareció súper interesante”.

Al menos ahora ya sabemos que le gustó, pero no sabemos nada más. ¿Por qué le gustó? ¿Qué había en esa presentación que le resultó tan atractivo? ¿Era informativa? ¿Era divertida? ¿Era entretenida? ¿Era impactante? Incluso si solo queremos expresar el gusto, podemos emplear otros adjetivos que lo enfaticen más, como fantástica, fabulosa, magnífica, etc., y no quedarnos con un mero “muy interesante”.

Si vamos a emplear la palabrita, al menos deberíamos esforzarnos un poco más y añadirle el por qué. Por ejemplo:

“La presentación me pareció muy interesante porque exponía puntos de vista que no son habituales”.

Conclusión

El abuso de la palabra “interesante» evita que se produzca una conversación creativa y reduce, poco o poco, nuestra capacidad de exponer con claridad nuestro juicio sobre algo. Al usar «interesante», obligamos a las otras personas a interpretar nuestra valoración en función del contexto o bien quedarse sin ella.

Las críticas brindan la oportunidad de entender si el esfuerzo que alguien ha dedicado a una presentación ha tenido recompensa o si, por el contrario, no ha conseguido dar con la clave, restándole eficacia. La utilización de palabras comodín como “interesante” sustrae esa oportunidad.

Así pues, la próxima vez que estés a punto de decir «interesante» en el contexto de la valoración de una charla, párate un segundo a pensar sobre qué quieres decir con esa palabra y cómo puede contribuir a la crítica. Siendo más claros en la forma de comunicarnos podemos evitar malinterpretaciones y ayudamos a los ponentes a mejorar en sus presentaciones.

Por cierto, ¿perderías el tiempo en ver una película titulada Captain Interesting? ¿Te parece un título… interesante?

Cada vez que dices «interesante» para valorar una presentación, muere un gatito

JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.


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