Cuando llegué a Sevilla (sur de España por si alguien de fuera del país me lee) hace más de 20 años, una de las cosas que más me sorprendió fue el calor. Sí, claro que sabía que en Sevilla en verano hace mucho calor, pero ¡no sabía que tanto! Había pasado veranos en otras zonas calurosas de España, pero no era comprable.

Al salir de trabajar a las 3 de la tarde, con más de 40 ºC, la sensación era de estar caminando por el infierno. El recorrido que hacía hasta la residencia donde vivía en esas primeras semanas era de unos 10 minutos, pero cuando llegaba tenía la impresión que el agua salía huyendo de mi cuerpo. No exagero, lo notaba sobre todo en los ojos. Brutal.

Madre mía, qué calor hace en Sevilla. Foto de EFE/ Raúl Caro para el diario ABC.

Otra cosa que me llamó la atención era que con el calor se me quitaba el apetito. Solo me apetecía beber. Muchos no teníamos aire acondicionado en nuestras casas en esa época, así que pasábamos un calor tremendo, comíamos poco y bebíamos mucho. Entendía que ése debía ser uno de los motivos por los que había pocas personas con sobrepeso en Sevilla. Hoy ya no es así.

Con el tiempo pude mudarme a un piso con aire acondicionado y, como yo, muchas otras personas lo hicieron. Aunque no he encontrado datos de evolución del uso de aire acondicionado en los hogares, en 2008 un 57% de ellos disponían de al menos un aparato. En 2017, según el portal Idealista, casi un 70% lo tenían en Sevilla. Al mismo tiempo, la epidemia de obesidad se cebó con Andalucía. ¿Habrá alguna relación? ¿Engorda el aire acondicionado?

El sentido común nos dice que sí debería haberla. Si el calor reduce al apetito, volver a temperaturas más frascas lo recuperaría.

Pero veamos qué dice la ciencia

En primer lugar, debemos distinguir apetito de hambre. El apetito se refiere al deseo subjetivo de comer, mientras que el hambre se refiere a un estado más objetivo. El hambre sería una verdadera necesidad que a menudo produce un deseo de comer: el apetito.

Una de las principales preocupaciones fisiológicas del cuerpo es la termorregulación, el mantenimiento de la temperatura constante del cuerpo. En ese sentido, comer contribuye a mantener el calor corporal. En 1936, Booth y Strang observaron que comer carne picada de ternera y tomates guisados hasta la saciedad aumentaba la temperatura de la piel un promedio de 2 °C aproximadamente 1 hora después de la comida 1.

Muchos años depués, en una serie de estudios en ratas, Hamilton 2 expuso a estos animales a una temperatura de 35 °C. En esas condiciones, los animales comieron solo 2 gramos de comida durante las primeras 24 horas, en comparación con una ingesta previa de más de 20 gramos a 24 °C. A 40 °C, las ratas dejaron de comer por completo. Hamilton, que era un poco bestia ((también se dedico a probar el electroshock en ratas), alimentó a las ratas de forma forzada a esas temperaturas mediante un tubo. Todas sufrieron estrés por calor y algunas murieron.

Al contrario, estar hambriento reduce la temperatura corporal. En un estudio de Ancel Keys (sí, el de la dieta mediterránea antes de hacerse famoso), encontró que voluntarios en ayuno prolongado se quejaban de frío, incluso en un clima cálido de verano 3. Esto indica que una reducción en la ingesta de alimentos en realidad podría ser un mecanismo adaptativo para hacer frente a los ambientes cálidos. Es decir, comer genera calor, así que en un ambiente cálido, mejor come poco.

Un estudio clásico sobre los cambios en la ingesta de alimentos entre el personal militar fue dirigido por Edholm y Goldsmith en 1966 4. Un grupo de militares británicos fue trasladado a Bahréin, donde había otro grupo que ya llevaba allí un año. En Bahréin la temperatura raramente baja de los 30ºC. Ambos grupos de sujetos pasaron los primeros 4 días de estudio dedicados al trabajo duro, los siguientes 4 días se dedicaron a trabajos más ligeros, y los últimos 4 días se dedicaron otra vez a tareas difíciles en el exterior. Todos los militares volvieron al Reino Unido, donde se les controló durante 12 días más.

Amigo, si tienes calor, no fumes, anda.

La ingesta media de alimentos en Bahréin fue aproximadamente un 25% menor que en el Reino Unido. Además, el grupo climatizado (que llevaba un año ya en Bahréin) perdió un promedio de 1,1 kg durante los 12 días, mientras que y el grupo no aclimatado (los recién llegados) perdió 2,5 kg.

Este efecto se ha observado no solo en militares haciendo duros trabajos, sino en la sedentaria comodidad de una oficina. En un estudio realizado en Birmingham, EEUU en 2015, 20 personas se sometieron a un trabajo de oficina a 20ºC (grupo control) o a 26ºC (grupo de tratamiento) durante dos horas 5.La primera hora se dedicó a trabajo y la segunda primero a una comida (pizza para todos) y después a trabajar de nuevo.<

Los participantes en el grupo de trabajo a 26ºC ingirieron 99,5 kcal de pizza menos que los que se encontraban en las condiciones más cálidas, aunque la diferencia no fue estadísticamente significativa. Por otro lado, se encontró un aumento de la temperatura periférica en el grupo que trabajó a más alta temperatura, que sugiere un aumento de la disipación por calor. Se estimó que por cada aumento de 1 °C en la temperatura periférica, los participantes comieron 85,9 kcal menos de pizza.

¿Y qué pasa con el aire acondicionado?

Vale, comer produce calor. Incluso la exposición sensorial a los alimentos puede producir termogénesis anticipatoria. Dicho más fácil: el simple hecho de ver u oler alimentos puede hacer que generes calor. Yo esto lo he vivido en mi familia. Siempre me acuerdo de mi primo, que simplemente con la vista de un chorizo frito se ponía a sudar. Las risas en las cenas a su costa eran antológicas.

Si además, la comida está caliente, el efecto es aún mayor. Por el contrario, la comida fría minimiza el efecto térmico de la comida. En efecto, uno tiene la impresión de que si la comida se sirve a una temperatura inferior a la corporal, tendrá un efecto de enfriamiento. Por eso en verano nos apetecen tanto los helados o el gazpacho bien fresquito.

A mi hipótesis de que el aire acondicionado engorda ya había llegado Alexandra W. Logue hace 30 años, cuando publicó su conocido libro “La psicología de la comida y la bebida”. Logue decía que “una manera fácil de reprimir el apetito en una cena de verano es apagar el aire acondicionado”.

El efecto del aire acondicionado es un truqui que usan en los restaurantes desde hace muchos años para que la gente consuma más. Según una encuesta de consumo en EEUU en 1991 (que no se publicó), si en verano encendían el aire acondicionado, los clientes pedían comida de forma “normal”. En cambio, si apagaban el aire acondicionado, las ventas caían dramáticamente.

La teoría es que la energía que el cuerpo gasta para mantener la temperatura corporal en entornos por debajo de la temperatura neutra (22-25 ºC) es compensada por un aumento del apetito y la ingesta de calorías 6.

Lo que se desconoce es si el efecto del aire acondicionado en el apetito es de tipo agudo, es decir, del aire acondicionado en el lugar de la comida o es más crónico, es decir, depende de la exposición al aire acondicionado a lo largo de todo el día. ¿Cómo de automática es la respuesta del apetito a los cambios de temperatura? ¿Aumenta el apetito cuando se pasa de la calorina del exterior al entrar en un comedor con aire acondicionado? ¿O se mantiene la necesidad de disipar calor incluso en el ambiente con aire acondicionado, reduciendo el apetito?

Un estudio en ratas respondió indirectamente a esta pregunta. En 1988, Roberto Refinetti examinó la alimentación en ratas mantenidas en condiciones calientes (29 °C) o frías (19 °C) y alimentadas en cámaras separadas que estaban a temperatura caliente o fría 7. Tanto la temperatura de la vivienda como la de la cámara de alimentación afectaron al apetito. Un hallazgo importante de este estudio es que los animales que vivían en un ambiente caluroso pero se alimentaban en un ambiente frío ganaron mucho más peso que los animales que permanecieron en un ambiente cálido para comer. Este descubrimiento sugiere que si pasas la mayor parte del tiempo en un espacio caliente, pero comes con aire acondicionado, podrías terminar comiendo más de lo necesario. Peor aún, al volver a la zona caliente tendrás grandes problemas de disipación del calor.

Vale, pero ¿el aire acondicionado engorda?

Por lo que hemos visto hasta ahora, parece evidente que vivir en entornos calientes provoca una reducción del apetito, mientras que vivir en entornos fríos lo incrementa. Pero, ¿esas alteraciones del apetito se reflejan en el peso corporal?

Una encuesta realizada en Gran Bretaña entre 100.152 adultos mostró que las cifras del índice de masa corporal (IMC) de las personas que residen en viviendas con temperaturas medias por encima de 23 ºC fueron más bajas que los que viven en un temperatura ambiente de menos de 19 ºC. O dicho de otro modo, las personas que no pueden pagarse un buena calefacción tienden a tener un mayor peso corporal 8.

Pero con estos estudios siempre surge la pregunta de si existe una relación causa efecto entre la temperatura del ambiente y el peso corporal. En una revisión sobre los posibles factores que contribuyen a la epidemia de obesidad, un numeroso grupo de investigadores estadounidenses incluían la temperatura ambiente 9. Estos investigadores afirmaban que el aire acondicionado puede ejercer un efecto importante sobre el aumento de peso, ya que es probable que conduzca a un balance de energía positivo mediante el aumento de la ingesta de energía.

Sin embargo, en otra revisión de 2017, investigadores franceses 10 reconocían que aún no se ha realizado ningún análisis sistemático para las principales alteraciones de la ingesta de energía en ambientes fríos y calientes. Aún así, como hemos visto, los comportamientos de alimentación se alteran y la regulación fisiológica del apetito también. Las señales anorexígenas, que reducen el apetito, como el péptido YY, parecen aumentar en ambientes cálidos. Otras hormonas como la grelina y la leptina pueden estar involucradas en el aumento observado en la ingesta de energía en ambientes fríos, pero los estudios realizados hasta ahora son contradictorios.

Así que sí, parece ser que el aire acondicionado engorda porque estando fresquitos se nos despierta el apetito, pero quedan muchas preguntas aún sobre la mesa.

¿El aire acondicionado engorda?
  1. Booth G and Strang JM.  Changes in temperature of the skin following the ingestion of food. Arch. Int. Med. 1936;57:533–543
  2. Hamilton CL. Interactions of food intake and temperature regulation in the rat. J. Comp. Physiol. Psychol.1963;56:476–488
  3. Keys A, Brozek J, Henschel A, Mickelson O and Taylor LL. The Biology of Starvation. Minneapolis, Minn.: University of Minnesota Press. 1950
  4. Edholm OG and Goldsmith R. Food intakes and weight changes in climatic extremes. Proc.Nutr. Soc. 1966;25:113–119
  5. Bernhard MC, Li P, Allison DB, Gohlke JM. Warm Ambient Temperature Decreases Food Intake in a Simulated Office Setting: A Pilot Randomized Controlled Trial. Front Nutr. 2015 Aug 24;2:20. doi: 10.3389/fnut.2015.00020. eCollection 2015. Erratum in: Front Nutr. 2015;2:36.
  6. Westerterp-Plantenga MS, van Marken Lichtenbelt WD, Strobbe H, et al. Energy metabolism in humans at a lowered ambient temperature. Eur J Clin Nutr 2002;56:288-296
  7. Refinetti, R. Effects of food temperature and ambient temperature during a meal on food intake in the rat. Physiol. Behav. 1988;43:245–247
  8. Daly M. Association of ambient indoor temperature with body mass index in England. Obesity (Silver Spring). 2014;22(3):626-9
  9. McAllister EJ, Dhurandhar NV, Keith SW, Aronne LJ, Barger J, Baskin M, Benca RM, Biggio J, Boggiano MM, Eisenmann JC, Elobeid M, Fontaine KR, Gluckman P, Hanlon EC, Katzmarzyk P, Pietrobelli A, Redden DT, Ruden DM, Wang C, Waterland RA, Wright SM, Allison DB. Ten putative contributors to the obesity epidemic. Crit Rev Food Sci Nutr. 2009;49(10):868-913.
  10.  Charlot K, Faure C, Antoine-Jonville S. Influence of Hot and Cold Environments on the Regulation of Energy Balance Following a Single Exercise Session: A Mini-Review. Nutrients. 2017 Jun 10;9(6). pii: E592.

JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.


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