Desde hace décadas se viene generando evidencia científica sobre el efecto beneficioso para la salud del consumo de los aceites de oliva, y en particular del aceite de oliva virgen extra. Los documentos de consenso de los tres congresos internacionales sobre aceite de oliva y salud, en 2004, 2008 y 2018 así lo atestiguan. El consumo de aceite de oliva se asocia con la prevención y protección frente a enfermedades metabólicas, cardiovasculares, neurodegenerativas y cáncer entre otras. Pero si el aceite de oliva es tan saludable, ¿por qué se empleaba como placebo en estudios nutricionales?

Efectivamente, durante décadas, y aunque nos parezca increíble con el conocimiento actual, el aceite de oliva se ha venido empleando como placebo en ensayos clínicos para el estudio de los efectos en la salud de otras grasas alimenticias, sobre todo el aceite de pescado y los suplementos de omega-3.

El efecto placebo

Pero empecemos por el principio. ¿Qué es un placebo? En un estudio científico, el tratamiento placebo es la intervención diseñada para simular un efecto biológico, sin que éste realmente exista. Es decir, puesto que el placebo carece de acción terapéutica por sí mismo, al efecto favorable en el sujeto que se produce cuando si éste lo recibe convencido de que posee tal acción, se le denomina efecto placebo.

Hay una película que trata excepcionalmente sobre el efecto placebo: Matrix. En la película, todas las personas creen vivir en un mundo real, cuando en realidad ese mundo no existe. Están experimentando el efecto placebo. ¿Recuerdas cuando Morfeo le da a Neo la opción de elegir una pastilla roja o azul? De esa forma, los directores nos dan a entender el efecto placebo en la película: Neo puede elegir el tratamiento real o quedarse con el placebo.

Resultado de imagen de matrix pills
Neo elige la pastilla roja en Matrix.

Curiosamente, fue la Iglesia Católica la que dio impulso al uso de placebos. En el siglo XVI, en plena época de actividad de la Inquisición, el efecto placebo se empleaba para desacreditar a los que se lucraban con los exorcismos. Los agentes de la Inquisición mostraban falsos objetos a los supuestos poseídos por el demonio. Si dejaban de estar poseídos, se demostraba la falsedad de la posesión. La comunidad médica incorporó la idea a partir del siglo XVIII, y se extendió para el uso de sustancias inocuas con fines terapéuticos.

Tribunal de la Inquisición. Francisco de Goya. Créditos: Wikipedia

El uso del placebo en los ensayos clínicos es de vital importancia. En estos estudios se administra a un grupo la sustancia terapéutica y a otro grupo el placebo, para que actúe como grupo control. De esa forma, puede saberse si el efecto observado se debe al tratamiento o simplemente al mero hecho de estar recibiendo una sustancia, aunque sea inerte. Si se dispusiera de un solo grupo, el que recibe el tratamiento real, cuando se observara un efecto en una parte de ese grupo, no podría saberse si es debido a la sustancia terapéutica o a cualquier otra causa no controlada.

Aceite de oliva como placebo

Cuando comencé mi tesis doctoral sobre los efectos del aceite de oliva en el transporte y metabolismo de los lípidos y buscaba información acerca del efecto de este aceite en la salud, me llamaba la atención que en muchos estudios se empleara como placebo. ¿Qué sentido tenía eso si el aceite de oliva no era una sustancia inocua, sino que tenía efectos por sí misma?

Por ejemplo, en este estudio 1, los investigadores plantean que la ingesta de ácido linoleico conjugado reduce la producción de leche en mujeres, algo que se había observado anteriormente en vacas. Un grupo de las lactantes participantes en el ensayo recibieron cada día 1.5 g de ácido linoleico conjugado, mientras que el otro recibió la misma cantidad de aceite de oliva como placebo. En este caso, la hipótesis se confirmó: la ingesta de ácido linoleico conjugado redujo la producción de leche en las voluntarias comparado con el aceite.

Los autores justificaron el uso de aceite de oliva como placebo porque no se había encontrado efectos de su consumo sobre la grasa de la leche. Habían buscado poco, porque para entonces ya se había publicado este artículo 2 en el que se observa un incremento en el contenido de ácido oleico (el principal ácido graso del aceite de oliva) en las mujeres que consumían aceite de oliva en España. También se había publicado este otro, en el que se evidenciaba que el contenido en ácidos grasos trans en la leche materna dependía del tipo de aceite que se consumiera en la dieta.

Pero bueno, como decía más arriba, el aceite de oliva se empleó masivamente como placebo en clínicos que valoraban el efecto de los aceites de pescado o suplementos de omega-3. Veamos algunos ejemplos.

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Cápsulas de aceite de pescado.

En 1990, Hendra et al., 3 administraron cápsulas de una preparación de aceite de pescado denominado maxEPA (10 g/día), a 80 personas afectadas por diabetes mellitus no insulino-dependiente durante 6 semanas. Como placebo, por supuesto, emplearon aceite de oliva. Como resultado, se encontró que la suplementación con cápsulas MaxEPA se asoció con una mejora en los triglicéridos en sangre pero con efectos nocivos en los niveles de glucosa. Es decir, el aceite de pescado incrementaba la glucosa comparado con el placebo. O dicho de otro modo, el aceite de oliva reducía las concentraciones plasmáticas de glucosa comaprado con MaxEPA. Además, los autores no encontraron diferencias entre MaxEPA y placebo para la mayoría de los índices de función plaquetaria y coagulación sanguínea.

Algo parecido les pasó a Boberg et al., en 1986, 4 cuando intentaron demostrar los efectos sobre los triglicéridos plasmáticos del aceite de pescado marino o del aceite de onagra, rico en ácido gamma-linolénico, otro omega-3. Al emplear aceite de oliva como placebo, solo observaron un efecto en los triglicéridos plasmáticos tras el consumo de aceite de pescado, pero no del aceite de onagra y ningún efecto sobre la actividad de las plaquetas.

Stenius-Aarniala, en 1989, titulaban su artículo, “El aceite de onagra y el aceite de pescado son ineficaces como tratamiento complementario del asma bronquial” 5. Claro, que eran ineficaces cuando comparaban estos aceites con el aceite de oliva como placebo.

En cambio, Brzeski et al., en 1991, 6 observaron que el consumo de aceite de onagra reducía levemente el dolor articular y la rigidez en pacientes con artitris reumatoide, comparado con el grupo que recibió aceite de oliva como placebo. A pesar de ello, estos autores admitían que el aceite de oliva en sí mismo puede tener beneficios hasta ahora entonces no reconocidos.

Como vemos, en la mayor parte de los casos, el aceite de pescado o los suplementos de omega-3 solo tenían efectos limitados o no tenían efecto en absoluto. Los autores atribuían esto a la falta eficacia de los tratamientos o de la actividad biológica de las sustancias probadas, cuando lo que realmente estaba ocurriendo es que el placebo no era tal. El aceite de oliva empleado tenía efectos similares al tratamiento. Es posible que hubieran encontrado efectos superiores si hubieran desistido de emplear un placebo y hubieran comparado el aceite de pescado con grasas saturadas, por ejemplo.

El mal uso de los placebos

A pesar de los infructuosos resultados encontrados cuando se empleaba aceite de oliva como placebo, su empleo sigue siendo una realidad hoy en día. Cierto es que, mientras el número de ensayos clínicos que emplean aceite de oliva ha crecido exponencialmente, el número de los que usan aceite de oliva como placebo ha crecido mucho menos. Mientras que en los años 90, 1 de cada 5 ensayos clínicos con aceite de oliva lo incluían como placebo, en la última década la cifra se ha reducido a 1 de cada 9.

Número de ensayos clínicos con aceite de oliva en total o como placebo indexados en Pubmed.

Aún así, se siguen dando resultados negativos cuando se emplea aceite de oliva como placebo. En ocasiones, es realmente desafortunado encontrar que se desperdician recursos económicos y humanos por considerar al aceite de oliva como placebo. Por ejemplo, en 2018 se publicó en la revista New England Journal of Medicine, la más prestigiosa del ámbito de la medicina, un mega estudio sobre los efectos en la salud cardiovascular de los suplementos de ácidos grasos n-3 en la diabetes mellitus 7. En el estudio participaron nada menos que 15480 pacientes, que recibieron diariamente cápsulas de ácidos grasos omega-3 o placebo (aceite de oliva)… ¡durante 9 años!

La conclusión literal del estudio fue que “entre los pacientes con diabetes sin evidencia de enfermedad cardiovascular, no hubo diferencias significativas en el riesgo de eventos vasculares [infarto de miocardio o accidente cerebrovascular no fatal, ataque isquémico transitorio o muerte vascular] entre aquellos que fueron asignados para recibir suplementos de ácidos grasos omega-3 y aquellos que fueron asignados para recibir placebo.” La conclusión es cierta, pero lo que los autores obviaron es que el placebo era aceite de oliva. Es decir, que es posible que ambos, omega-3 y aceite de oliva, realmente tuvieran un efecto favorable sobre esos eventos cardiovasculares… comparados con otros aceites de la dieta.

Y es que en los ensayos clínicos con alimentos, el uso del placebo es harto complejo. Un grupo de investigadores estudiaron el uso de placebos en ensayos clínicos publicados en 2018 y llegaron a la conclusión de que, en general, no se empleaban correctamente. 8. Uno de los autores, Jeremy Howick, afirmó que «los diferentes placebos tienen efectos muy diferentes, que luego conducen a inferencias (a veces erróneas) sobre los efectos o daños de un nuevo tratamiento». Y ponía como ejemplo, precisamente, al aceite de oliva, que se había usado como placebo para probar medicamentos que reducen el colesterol antes de que se descubriera que el aceite de oliva también reduce el colesterol.

Según Howick «la idea de que tenemos que informar lo que hay en un placebo parece excesiva para muchas personas porque creen erróneamente que los placebos son inertes o ruido blanco».

Lo rocambolesco es que, con el incremento en la generación de conocimiento sobre los efectos saludables del aceite de oliva, el asunto se haya dado la vuelta y hoy en día se empleen otros aceites como placebos frente al de oliva 9. Del mismo modo, esos aceites no deberían ser considerados como placebos, dado que poseen actividad biológica por sí mismos.

Referencias

Cuando el aceite de oliva se empleaba como placebo en estudios nutricionales
  1. Masters N, McGuire MA, Beerman KA, Dasgupta N, McGuire MK. Maternal supplementation with CLA decreases milk fat in humans. Lipids. 2002;37(2):133-8.
  2. de la Presa-Owens S, López-Sabater MC, Rivero-Urgell M. Fatty acid composition of human milk in Spain. J Pediatr Gastroenterol Nutr. 1996;22(2):180-5.
  3. Hendra TJ, Britton ME, Roper DR, Wagaine-Twabwe D, Jeremy JY, Dandona P, Haines AP, Yudkin JS. Effects of fish oil supplements in NIDDM subjects. Controlled study. Diabetes Care. 1990;13(8):821-9.
  4. Boberg M, Vessby B, Selinus I. Effects of dietary supplementation with n-6 and n-3 long-chain polyunsaturated fatty acids on serum lipoproteins and platelet function in hypertriglyceridaemic patients. Acta Med Scand. 1986;220(2):153-60.
  5. Stenius-Aarniala B, Aro A, Hakulinen A, Ahola I, Seppälä E, Vapaatalo H. Evening primose oil and fish oil are ineffective as supplementary treatment of bronchial asthma. Ann Allergy. 1989;62(6):534-7.
  6. Brzeski M, Madhok R, Capell HA. Evening primrose oil in patients with rheumatoid arthritis and side-effects of non-steroidal anti-inflammatory drugs. Br J Rheumatol. 1991;30(5):370-2.
  7. ASCEND Study Collaborative Group, Bowman L, Mafham M, Wallendszus K, Stevens W, Buck G, Barton J, Murphy K, Aung T, Haynes R, Cox J, Murawska A, Young A, Lay M, Chen F, Sammons E, Waters E, Adler A, Bodansky J, Farmer A, McPherson R, Neil A, Simpson D, Peto R, Baigent C, Collins R, Parish S, Armitage J. Effects of n-3 Fatty Acid Supplements in Diabetes Mellitus. N Engl J Med. 2018;379(16):1540-1550
  8. Webster RK, Howick J, Hoffmann T, Macdonald H, Collins GS, Rees JL, Napadow V, Madigan C, Price A, Lamb SE, Bishop FL, Bokelmann K, Papanikitas A, Roberts N, Evers AWM. Inadequate description of placebo and sham controls in a systematic review of recent trials. Eur J Clin Invest. 2019;49(11):e13169.
  9. Galvão Cândido F, Xavier Valente F, da Silva LE, Gonçalves Leão Coelho O, Gouveia Peluzio MDC, Gonçalves Alfenas RC. Consumption of extra virgin olive oil improves body composition and blood pressure in women with excess body fat: a randomized, double-blinded, placebo-controlled clinical trial. Eur J Nutr. 2018 Oct;57(7):2445-2455.

JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.


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