La mayoría de las personas con sobrepeso u obesidad intenta perder peso pero no lo consigue. Según una encuesta de Gallup, más de la mitad de los estadounidenses quieren perder peso pero realmente solo un 25% lo hacen seriamente. Una de las razones más habituales para no conseguir perder peso o no hacerlo con resolución suele ser la motivación. La fuerza de voluntad no es suficiente y es muy difícil llevar a término un propósito sin la adecuada motivación. Por eso, casi siempre el ambiente obesogénico gana la partida y las personas con obesidad no pierden peso.

Deseos sobre pérdida de peso y comportamiento de los estadounidenses (2002-2014). La mitad quieren perder peso, solamente una cuarta parte lo hacen seriamente.

Y eso a pesar de que la preocupación por el sobrepeso y la obesidad se extiende a nivel global, tanto en países desarrollados como en países en vías de desarrollo. De hecho, la obesidad es más prevalente en las poblaciones con un estatus económico más bajo. Es decir, entre las personas con menos ingresos hay más casos de obesidad que entre las que tienen más ingresos y eso es así en todos los países del mundo. Esto sucede por muchos motivos, uno de los cuales es que en algunas sociedades los alimentos más saludables terminan resultando más caros que los alimentos que no lo son.

Puesto que muchas personas tienen dificultades para seguir estilos de vida más saludables debido a problemas económicos, se ha propuesto que los incentivos económicos podrían ayudarles con la motivación. La teoría económica sugiere que administrar dinero como incentivo facilita la pérdida de peso porque las personas están influenciadas por la perspectiva de recompensas. Es decir, el dinero actúa como motivación: “si no lo haces por tu salud, hazlo por el dinero”, es lo que vienen a decir los economistas.

Los primeros estudios que se llevaron a cabo para demostrar esta hipótesis demostraron que los incentivos económicos claramente aumentaban la pérdida de peso a corto plazo. Además, cuanto mayor era el incentivo, mejor era el resultado 1. Sin embargo, el mantenimiento del peso una vez retirado el incentivo era harina de otro costal.

Cuanto mayor el incentivo económico, mayor la pérdida de peso. Jeffrey et al. Behavior Ther. 1984;15:273-279 (Referencia 1).

En el Departamento de Medicina Preventiva de la Northwestern University de Chicago se llevó a cabo el ensayo Haz Mejores Elecciones en 204 adultos durante 17 semanas 2. El ensayo evaluaba cuatro estrategias diferentes para mejorar los hábitos de vida que pueden suponer riesgos para la salud: bajo consumo de frutas y vegetales, alto consumo de grasas saturadas, baja actividad física y alto tiempo de sedentarismo frente a pantallas. Durante un primer periodo de 3 semanas, los participantes recibían 175 $ por conseguir alcanzar la mitad de los objetivos previstos. Estos objetivos eran: consumir al menos 5 raciones de frutas y verduras, consumir menos del 8% de las calorías en forma de grasas saturadas, hacer más de 60 minutos de actividad física al día y tener menos de 90 minutos por día de actividades recreativas sedentarias.

Al término de esas 3 semanas, todos los participantes habían logrado alcanzar la mitad de los objetivos, así que recibieron los 175 $. Sin embargo, en las 14 semanas posteriores, aquéllos que decían haberse sentido más motivados por el incentivo económico perdieron más rápidamente los buenos hábitos que habían adquirido. Los investigadores concluyeron que los incentivos económicos reducen otros tipos de motivaciones personales, por lo que cuando se eliminan, la persona queda sin estímulos para mantener conductas saludables. Este efecto rebote tras la intervención se ha observado también en otros estudios 3.

Otra opción que se ha barajado es suministrar directamente alimentos en lugar de dinero esperando que ese dinero se emplee en comprar productos saduables. En un estudio bastante antiguo (1993), investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburg compararon el efecto para reducir el peso de dar recomendaciones dietéticas, con el incentivo económico y el suministro de alimentos 4.

En el estudio participaron 202 personas, que se dividieron en 5 grupos. El primer grupo se estableció como control y no recibió nada, simplemente se chequeaba su peso. El segundo grupo recibió recomendaciones para llevar una vida saludable bajar de peso. Esas mismas recomedaciones se dieron a los tres grupos restantes. Al tercer grupo le suministraron desayuno y cena gratuitos durante año y medio (típicamente cereales, leche, zumo y fruta para el desayuno y carnes magras, patatas o arroz y vegetales para la cena). Al cuarto de dieron 25 $ por semana si alcanzaban una determinada pérdida de peso (con un mínimo de 2.50 $ por semana si no aumentaban de peso). El último grupo tenía más suerte porque recibía los alimentos gratuitos y el incentivo económico. Los investigadores encontraron que suministrar alimentos a los participantes se conseguía una mayor reducción del peso y que no importaba que, además de alimentos, recibieran el incentivo económico.

Administrar alimentos ayuda más a perder peso y a no recuperarlo que incentivar económicamente a las personas. Jeffery et al. J Consult Clin Psychol. 1993;61(6):1038-45. (Referencia 4).

Por tanto, aunque parece que vivimos en una sociedad en la que solo nos movemos por dinero, los estudios que se han realizado hasta la fecha muestran que incentivar económicamente a las personas de una forma directa las estimula para perder peso solo a corto plazo, pero que el sistema pierde eficacia una vez retirado el incentivo. De hecho, el efecto puede ser perjudicial, ya que se recupera el peso perdido e incluso algo más. Además, incentivar a las personas con alimentos gratuitos puede funcionar mejor que incentivarlas con dinero.

¿Incentivar económicamente a las personas con obesidad puede ser una forma de estimularlas a bajar de peso?
  1. Robert W Jeffery, Wendy M Bjornson-Benson, Barbara S Rosenthal, Candace L Kurth, Mary M, Dunn. Effectiveness of monetary contracts with two repayment schedules on weight reduction in men and women from self-referred and population samples. Behavior Ther. 1984;15:273-279.
  2. Moller AC, McFadden HG, Hedeker D, Spring B. Financial motivation undermines maintenance in an intensive diet and activity intervention. J Obes. 2012;2012:740519.
  3. John LK, Loewenstein G, Troxel AB, Norton L, Fassbender JE, Volpp KG. Financial incentives for extended weight loss: a randomized, controlled trial. J Gen Intern Med. 2011;26(6):621-6
  4. Jeffery RW, Wing RR, Thorson C, Burton LR, Raether C, Harvey J, Mullen M. Strengthening behavioral interventions for weight loss: a randomized trial of food provision and monetary incentives. J Consult Clin Psychol. 1993;61(6):1038-45

JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.


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