Recientemente he visto este anuncio de Burger King, que me ha llamado la atención. Pero claro, para eso hacen los anuncios, para que llamen la atención. En el anuncio, algunas personas que se manifiestan “fans” de la salsa barbacoa nombran los alimentos a los que les ponen esa salsa, como la mazorca de maíz, la coliflor o los gofres. Finalmente, otra “fan” dice que ella le pone doble capa de salsa barbacoa. En otro de los anuncios, un chico incluye los boquerones entre los alimentos que consume con salsa barbacoa. Aquí podéis ver uno de estos nuevos anuncios de Burger King.

 

El propósito de Burger King es anunciar una nueva hamburguesa con “mucha, mucha salsa barbacoa” (sic). Pero no hay problema, porque en su página web, Burger King, que se preocupa por nosotros, nos muestra la composición nutricional de todo su menú, incluyendo la salsa barbacoa. Debe ser que Burger King se preocupa por nuestra alimentación, pero no por nuestra vista, porque el pdf tiene una letra minúscula, pero gracias a la informática de usuario moderna, podemos ampliar el documento.

Haciendo un poco de zoom, podemos ver que la salsa barbacoa contiene 10,1 g de carbohidratos (de los cuales 8,4 g corresponden a azúcar) por cada 28 g de producto. Prácticamente, todo el resto es agua, porque el contenido en proteínas y grasas es 0,6 g en total y el de fibra 0,2 g. He aquí la razón por la que a los “fans” le gusta tanto la salsa barbacoa.

Si preguntamos a cualquier persona por qué le gustan los sabores dulces, nos dirá que es porque están ricos. Pero eso realmente no responde a la pregunta, sino que es una redundancia: los sabores dulces son ricos porque nos gustan. Como dice Dan Dennett en esta charla TED, lo mismo podría aplicarse a la atracción de los hombres por las formas redondeadas del cuerpo femenino. Es decir, a los hombres nos gustan las mujeres con curvas porque son más atractivas.

Asimismo, a los humanos nos gustan los bebés porque son adorables. Según Dennett, en realidad nos gustan los bebés porque nos tienen que gustar. Dicho de otro modo, si no nos parecieran adorables, los descuidaríamos y podrían morir y eso la especie no se lo puede permitir. Del mismo modo, evolutivamente nos gustan los alimentos dulces porque tienen un elevado contenido energético necesario para nutrirnos. Por la misma razón, sentimos repulsión hacia los alimentos que puedan resultar dañinos.

Pero, en realidad, la sacarosa, o cualquier carbohidrato dulce no es intrínsecamente dulce, sino que nosotros asociamos su sabor a algo placentero. Lo mismo ocurre con la grasa o con la sal. Para nuestros ancestros, estos nutrientes (grasa y sal) eran difíciles de conseguir en la naturaleza, así que desarrollamos una atracción hacia ellos para que nos apeteciera consumirlos.

Esa atracción está basada en los sistemas de recompensas, que responde a gratificaciones naturales de supervivencia para mantenerse vivo a través de neurotransmisores y hormonas. La finalidad es que queramos repetir la experiencia porque probablemente sea indispensable para nuestra supervivencia o la de la especie. De forma muy simplificada, cuando se produce un estímulo que debe causarnos placer, el cerebro libera sustancias que nos causan placer (endorfinas), deseo (dopamina) o mejora nuestras relaciones sociales, incluido el sexo (oxitocina).

Los humanos actuales mantenemos esa atracción ancestral por los alimentos dulces, pero ¿por qué nos atraen tanto? Y, ¿por qué cuanto más dulces son más nos atraen? Si dependiera solamente del aporte energético, nos debería atraer lo mismo una fruta que un pastel de chocolate, pero no es así. La respuesta la tienen los estímulos supernormales, que inducen respuestas exageradas de recompensa.

Se denominan estímulos supernormales a aquéllos que proceden de una fuente artificial, pero que provocan una respuesta igual o superior a los que proceden de fuentes naturales. Afectan sobre todo a nuestros instintos más primarios, como son la alimentación y la reproducción, pero también a otras decisiones que tomamos.

Este concepto fue planteado en los años cincuenta por el Premio Nobel Nikolaas Tinbergen. Este etólogo neerlandés estudió en comportamiento de algunos animales y observó que respondían a instintos estimulados por objetos artificiales 1. Su experimento más conocido es el de los peces espinosos. Tinbergen tenía en su laboratorio de la universidad varias peceras con peces espinosos, una de ellas al lado de la ventana. Los machos de estos animales son muy agresivos entre sí durante la época de reproducción, pero los de la pecera de la ventana de Tinbergen se ponían frenéticos cuando por la calle pasaba un el camión de correos. Ese camión era de color rojo, el mismo color que la barriga de los peces espinosos macho. Así que Tinbergen pensó que los peces distinguían a otros machos por el color de la barriga y los atacaban. Para demostrar su hipótesis, Tinbergen introdujo en el acuario peces de madera con la barriga roja. Los peces tenían diferentes formas, pero si la barriga era roja, los machos los atacaban igual. Podéis ver una reproducción del experimento de Tinbergen en este vídeo.

 

Como veis, cuando se introduce un pez artificial que no tiene la barriga colorada, el pez no ataca. Pero si se introduce un pez de madera con la barriga roja, el ataque es instantáneo, independientemente de la forma del pez. A ese estímulo artificial que da lugar a una respuesta instintiva, Tinbergen lo llamó estímulo supernormal. En otro experimento, Tinbergen pintó huevos de yeso de un color más llamativos que los huevos naturales y los pájaros dejaban de incubar los suyos para incubar éstos.

Pero la evidencia más increíble del concepto de Tinbergen es la de los escarabajos australianos Julodimorpha bakewelli. 2 Estos escarabajos estuvieron a punto de extinguirse en Australia hasta que se descubrió el motivo de que estuvieran desapareciendo. Los machos de estos escarabajos se sienten atraídos por las hembras que son más grandes, marrones, brillantes y que tienen unos hoyuelos en el caparazón. Pero de repente, estos machos se sentían atraídos por unos objetos que cumplían con esos requisitos, pero que eran mucho más grandes… botellas de cerveza. Los escarabajos encontraban esas botellas tiradas en el suelo e intentaban montarlas, olvidándose de las hembras. Y lo hacían hasta que morían por calor, inanición o por ataques de hormigas. También hay vídeos sobre estos escarabajos. Al final, la empresa cervecera tuvo que cambiar el diseño de las botellas para evitar la extinción del escarabajo.

 

En los humanos, la estimulación supernatural también funciona. Esa es la razón por la que a muchos les excita sexualmente un dibujo animado como Jessica Rabbit o les gustan los pechos siliconados de las mujeres. De hecho, la pornografía sería una estimulación supernatural de la reproducción. Incluso, se considera que los programas de cotilleo de televisión serían estimulaciones supernaturales de nuestras necesidades sociales. También los serían los videojuegos y casi cualquier otro programa de televisión.

Jessica Rabbit. “fantasía masculina definitiva, hecha por un dibujante”, según su dibujante, Richard Williams.

En nuestros días, encontramos estimulación supernatural absolutamente en todos lados y el marketing se encarga de encontrar la forma de estimularnos con objetos artificiales para que instintivamente nos sintamos atraídos por los productos que quieren vender. Muchas personas reciben más estímulos supernaturales, lo que les lleva a rechazar los estímulos naturales. Como ejemplo, las personas que prefieren el sexo artificial o virtual por encima del sexo con personas reales.

La naturaleza altamente adictiva de la comida basura, rica en azúcares, grasas y sal, sería también un ejemplo de estimulación supernatural. Estos alimentos están diseñados específicamente para ser más atractivos que sus contrapartes naturales y provocan una respuesta mucho mayor, facilitando el desarrollo de conductas adictivas.

¿Por qué nos atraen tanto los alimentos ultraprocesados? Estamos súperestimulados

Referencias:

  1. Tinbergen, Nikolaas (1951). The Study of Instinct. Oxford, Clarendon Press. Based on a series of lectures given in New York, 1947, under the auspices of the American Museum of Natural History and Columbia University
  2. D. T. Gwynne. D. C. F. Rentz. Beetles on the bottle: male buprestids mistake stubbies for females (Coleoptera). Australian Journal of Entomology. 1983;22(1):79-80.

JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.


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