En principio, la respuesta parece bastante obvia: el aceite de oliva engorda. Todos los alimentos engordan, puesto que todos tienen una determinada densidad energética, o sea kilocalorías (o más comúnmente “calorías”). Todos, excepto el agua, claro está. Eso sí, algunos engordan más que otros. Y las grasas son las que más calorías aportan, así que en buena lógica el aceite de oliva, que es una grasa, engorda… ¿Pero estamos seguros de esto?

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¿Qué ocurre en las dietas? Puesto que los alimentos se consumen en el contexto de una dieta, si estamos preocupados por nuestro peso, necesitamos saber si una dieta en su conjunto puede engordar más que otra. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que las calorías se suman, así que si sumamos alimentos más grasos, tendremos dietas más energéticas, y que engordarán más. De ahí que las dietas hipocalóricas tengan restringido su contenido en grasas, como parece natural. Pero todo lo que “parece natural” debe ser confirmado científicamente.

Y, en efecto, los meta-análisis (estudios que revisan los resultados de otros estudios) demuestran que, tanto en adultos como en niños, reducir el contenido graso de la dieta facilita perder peso. En un meta-análisis sobre 33 ensayos controlados en los que se había reducido la ingesta de grasas sin intención de perder peso, se encontró una reducción media de 1,6 kg de peso corporal, -0,51 kg/m² de índice de masa corporal (IMC) y 0,3 cm de circunferencia de cintura. Una pérdida de 1,6 kg de media (0,19 kg por cada 1% de reducción de calorías en forma de grasa), parece una cantidad pequeña, pero hay que tener en cuenta que es el valor medio de 73.589 personas, algunas de las cuales solo redujeron el contenido graso de la dieta durante 6 meses. Además, los investigadores estimaron que esa reducción estaría asociada con una disminución en el riesgo de mortalidad del 3%. Esto no está nada mal, ¿verdad?

Estudios de este tipo anteriores habían encontrado reducciones mayores. El grupo de Penny Kris-Etherton, de la Universidad del Estado de Pensilvania (EEUU), realizó un meta-análisis de estudios de intervención que tenían como objeto evaluar las políticas de reducción del colesterol del Gobierno de Estados Unidos. Estos investigadores encontraron una disminución de 0,28 kg por cada 1% de reducción calórica en forma de grasa, que se acompañó de disminuciones en las concentraciones en sangre de colesterol y triglicéridos. Otros estudios encontraron reducciones aún mayores, como de 0,37 kg por cada 1%.

Correlación entre cambios en el peso corporal y cambios en la grasa de la dieta. El coeficiente de correlación de Pearson (r) es significativo. Adaptado de Shaomei Yu-Poth et al. Am J Clin Nutr 1999;69:632-646.
Correlación entre cambios en el peso corporal y cambios en la grasa de la dieta. El coeficiente de correlación de Pearson (r) es significativo. Adaptado de Shaomei Yu-Poth et al. Am J Clin Nutr 1999;69:632-646.

Vale sí, la ciencia ha confirmado lo que ya suponíamos: que si se ingieren menos grasas se adelgaza, aunque el efecto no sea demasiado espectacular, y que si se ingieren de más se engorda. Pero vamos al asunto, ¿que ocurre con el aceite de oliva?

El aceite de oliva contiene ácido oleico, que es un ácido graso monoinsaturado, como componente principal. Pues bien, ya en 1998, Abhimanyu Garg, investigador de la Universidad de Texas, publicó un meta-análisis en el manifestaba que no existían evidencias de que una dieta alta en grasas monosinsaturadas dieran lugar a incrementos en el peso corporal. Mucho más recientemente, Lukas Schwingshackl, del Instituto para las Ciencias Nutricionales y Fisiología de Hall in Tirol (Austria) comparó los resultados de 12 estudios con 1990 participantes en total, en los que se habían empleado dietas pobres (<12% de la energía) o ricas (>12% de la energía) en ácidos grasos monoinsaturados durante al menos 6 meses. El resultado fue que, para una misma cantidad de calorías, no había diferencias en el peso corporal, aunque se observó una pequeña reducción en la cantidad de grasa corporal tras las dietas ricas en monoinsaturados.

Hasta la fecha existen muy pocos meta-análisis sobre el efecto del aceite de oliva en particular en la salud y ninguno sobre el peso. Alguno más hay si consideramos la Dieta Mediterránea y no solo el aceite de oliva. Katherine Esposito, de la Universidad de Naṕoles, evaluó 16 ensayos con 3436 que habían sido asignados a dietas de tipo mediterráneo o dietas control. En promedio, se encontró una reducción de 1,75 kg del peso corporal en los grupos que recibieron Dieta Mediterránea, siendo la disminución mayor cuando se asociaba con ejercicio físico y menores ingestas calóricas. Otro meta-análisis publicado el mismo año (2011) encontró una reducción fue de 2,2 kg. Lo llamativo de este caso es que comparaba específicamente la Dieta Mediterránea con una dieta baja en grasas, aunque solo se trataba de 6 estudios.

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Aún así, lo más interesante estaba por llegar: los resultados del Estudio Predimed. En la siguiente entrada explicaré en qué consiste este estudio con más detalles. No solo porque es el mayor estudio de intervención con Dieta Mediterránea llevado a cabo hasta ahora en todo el mundo, sino porque ha dado lugar a resultados impresionantes. Tanto, que hay quien me ha confesado que es fan de este estudio (sí, hay gente muy loca).

Para hacer un resumen muy rápido y que no se alargue demasiado este post. En el Predimed participaron casi 7.500 personas con un elevado riesgo cardiovascular (muchas de ellas con sobrepeso), que recibieron recomendaciones para seguir una dieta baja en grasas o una dieta de tipo mediterráneo enriquecida con frutos secos o aceite de oliva. Eso es: dieta mediterránea con más aceite de oliva. O dicho de otra manera, ¿no querías aceite? Pues toma dos tazas.

Como parte del estudio Predimed, en 2012 se publicó un artículo (que os dejo en pdf) en el que se evaluaba la adherencia a la dieta mediterránea y algunos parámetros relacionados con el peso corporal como el IMC, la circunferencia de la cintura y el índice cintura-altura (ICA). El resultado fue asombroso: los componentes principales de la dieta mediterránea, incluido el aceite de oliva, se asociaban con menores valores de IMC e ICA. El IMC da una idea de la posible presencia de sobrepeso y el ICA de posible exceso de grasa visceral, que es más peligrosa.

Diferencias ajustadas en el IMC para 7 elementos de la dieta mediterránea, que se asociaron de forma independiente con el IMC. Adaptado de Martínez-González et al. PLoS One. 2012; 7(8): e43134.
Diferencias ajustadas en el IMC para 7 elementos de la dieta mediterránea, que se asociaron de forma independiente con el IMC. Adaptado de Martínez-González et al. PLoS One. 2012; 7(8): e43134.

Esta parte del Predimed era transversal, es decir, una foto fija de la situación en un momento particular, por lo que solo se pudo afirmar que ambas variables (consumo de aceite de oliva y marcadores de sobrepeso) se daban al mismo tiempo y no que una fuera causa de la otra. Es decir, se pudo afirmar que las personas que consumen más aceite de oliva tienen menor IMC e ICA, pero no que el consumo de aceite sea la causa.

Dando un paso más allá, se hizo un seguimiento 191 de estas personas, que habían sido diagnosticadas de diabetes tipo 2 (la diabetes que se adquiere, no la de nacimiento). Se encontró que en este grupo de personas una dieta mediterránea rica en aceite de oliva reducía significativamente el peso corporal y la circunferencia de la cintura, pero no el IMC. Las personas incluidas en el grupo de aceite de oliva recibían un litro de aceite por semana para emplearlo en todas sus comidas y en las de su familia. Se estimó que de media tomaban 3,6 cucharadas de aceite al día. A pesar de la rigurosidad del estudio, aún se conoce cuál es la causa del efecto observado. Una posible causa podría haber sido un aumento del ejercicio físico. Sin embargo, en el mismo artículo se afirma que no se encontraron diferencias en el ejercicio físico entre las personas que recibieron la dieta baja en grasas, la dieta mediterránea con aceite de oliva o la dieta mediterránea con frutos secos.

De todos modos, el grupo de investigación de Mamdouh Shubair en la Universidad de Waterloo en Canadá, ya había señalado que las personas que ingieren dieta mediterránea con aceite de oliva cambian algo su dieta y compensan este incremento reduciendo otro tipo de grasas, normalmente menos saludables.

Así pues, existen algunas evidencias que nos muestran que el aceite de oliva puede ayudar a bajar de peso, pero por ahora la ciencia no ha sido capaz de demostrar de forma definitiva por qué razón ocurre eso. En cualquier caso, yo, si tuviera que elegir, me quedo con el aceite de oliva (virgen, claro está).

Pero vamos a ver, ¿el aceite de oliva engorda o no?

JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres.


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