En una de mis películas favoritas, el Nombre de la Rosa, de Jean-Jacques Annaud, basada en la novela del mismo título de Umberto Eco, se produce un diálogo entre el franciscano Guillermo de Baskerville (Sean Connery) y el benedictino Jorge de Burgos acerca de la risa. En ese diálogo, Guillermo le dice a Jorge «Los monos no ríen. La risa es propia del hombre.» A lo que Jorge responde, «como el pecado».

Diálogo sobre la risa entre Guillermo de Baskerville y Jorge de Burgos.

Guillermo le dice que Aristóteles dedicó su libro Poética al análisis de la comedia y la risa. En esa obra se entiende la risa y la burla como herramientas de debate. Sin embargo, para el venerable Jorge, la risa debe estar proscrita porque no puedes temer a aquello de lo que te puedes burlar: «Al aldeano que ríe, mientras ríe, no le importa morir, pero después, concluida su licencia, la liturgia vuelve a imponerle, según el designio divino, el miedo a la muerte», dice Jorge. Es decir, la risa, como fuerza liberadora, se contrapone al temor a Dios y sus designios.

Casi del mismo modo y por los mismos motivos, para muchos la risa debería estar proscrita de la divulgación científica. La ciencia es muy seria, y mediante la risa y la ironía, la ciencia pierde el rigor que debe ser inherente.

Pero eso ocurría en la Edad Media. Hoy en día es casi lo contrario. Según Slavoj Žižek, en las sociedades contemporáneas, democráticas o totalitarias, la risa y la ironía, son parte del juego y la ideología no es tomada seriamente o literalmente. La figura del venerable Jorge, el que no ríe, se muestra en la película como la de un muerto en vida, anticuado y sobrepasado por la modernidad, representada por Guillermo (véase la escena de las gafas).

Desde hace un tiempo, la divulgación científica se asocia cada vez más al entretenimiento y éste a la risa. No solo tenemos concursos internacionales de monólogos científicos, como Famelab, o compañías completas de científicos que recorren las carreteras, como BigVan, que me recuerdan a los cómicos de El viaje a ninguna parte (por lo de cómicos en furgoneta), sino que la risa está ya presente en los más grandes eventos de divulgación científica en España como Naukas o Desgranando Ciencia. No me resisto a dejaros aquí la charla que dieron a dúo Clara Grima y Luisma Escudero en la última edición de Desgranando Ciencia. Si es que son muy graciosos los puñeteros, además de excelentes científicos

Sin embargo, no todos somos tan graciosos como Clara o Luisma o como otros muchos. ¿Significa eso que no podemos ser capaces entretener mientras mostramos ciencia? ¿Solamente la risa se puede emplear para llegar a la audiencia con nuestros mensajes? Rotundamente, no.

Claro que eso no significa en modo alguno que tengamos que volver a relegar a la ciencia a un rincón oscuro y desapasionado. Muy al contrario, podemos emplear no solo la risa, sino que disponemos una variedad ingente de emociones para iluminar los datos científicos y acercarlos a las personas.

Tenemos que emocionar

La risa funciona porque emociona, nos transmite alegría y entusiasmo, nos conecta con la audiencia y eso facilita la transmisión de los mensajes. A través de la risa, rompemos las barreras que nos separan de esas personas y podemos ser capaces de llegar a tocar sus fibras más sensibles. Pero esto no se logra solo con la risa. De hecho, en algunas ocasiones hay otras emociones que pueden funcionar mejor porque con la risa podemos caer en la banalización y en el ridículo.

Y es que, repito, no todos somos graciosos y pocas cosas hay más lamentables que ver a una persona esforzarse por causar gracia sin conseguirlo. Es habitual escuchar a actores decir que hacer reír es mucho más difícil que hacer llorar. Pero, ¿podemos hacer llorar al divulgar ciencia? ¿Por qué no?

De hecho, podemos emplear todas las emociones que faciliten la conexión con la gente y la transmisión de los mensajes. En la película Del Revés (Inside Out), nos muestran las emociones que viven dentro de la protagonista, como personajes con vida propia. Estos personajes encarnan a la alegría, la tristeza, el asco, el miedo y la ira. Estas son las emociones básicas, pero hay muchas más, entre ellas, la empatía, la sorpresa o la anticipación. ¿Por qué no usarlas si son eficaces para nuestra presentación?

Imagen propiedad de Pixar Animation Studios.

A las personas nos encanta emocionarnos. De hecho, para eso asistimos a espectáculos cinematográficos, teatrales o deportivos: para reírnos, para llorar, para angustiarnos, para pasar miedo, para empatizar, para sorprendernos, par enfadarnos, etc. ¿Por qué no hacer lo mismo en la divulgación científica?

En la reciente jornada sobre comunicación y divulgación científica Comunica y Divulga Ciencia, Elena Gómez Díaz habló acerca su investigación sobre la malaria en Burkina Faso y la necesidad de divulgar los resultados para conseguir cambios en la prevención de la enfermedad. No fue una charla graciosa, pero fue impresionantemente emotiva. Así lo muestra este tweet de Natalia Ruiz Zelmanovitch, quien a su vez es conocida en el ámbito de la divulgación por su habilidad para hacer humor.

Como veis, empleando otras emociones se puede conseguir que una charla de divulgación también sea efectiva.

Pero del mismo modo que no todos somos graciosos, no todos tenemos la misma capacidad de empatía, ni la misma capacidad para mantener el suspense o para provocar incertidumbre, o miedo o tristeza o enfado en la audiencia. Cada persona, tiene sus habilidades, por lo que preparar una presentación es un buen ejercicio de autoconocimiento. Si soy bueno contando chistes, usaré esa habilidad para divulgar ciencia, pero si no lo soy, mejor lo evito. Y si soy bueno manteniendo el suspense, por ejemplo, me aprovecharé de ello.

Vivimos en un momento dorado, casi explosivo, para la divulgación científica. Un momento soñado que nadie habría vaticinado hace unos lustros. Hay cientos de científicos y comunicadores divulgando ciencia, pero no siempre sus presentaciones son efectivas, no siempre cumplen su propósito. Cuando eso pasa, en muchas ocasiones se debe a que no conectan adecuadamente con la audiencia por incapacidad para emocionar. Sin emociones, las personas estamos muertas en vida, como Jorge de Burgos. Aprovechemos esas emociones para construir puentes con el público y, a través de ellos, hagámosles llegar la ciencia.


Las risas y las emociones en la divulgación científica

JSPerona


Soy Científico Titular del CSIC y profesor asociado de la Universidad Pablo de Olavide. Me gusta investigar, la docencia y la divulgación, así que hago lo que puedo para dedicarle tiempo a las tres. Además, soy un apasionado de las presentaciones e imparto cursos para ayudar a otros a que sus presentaciones sean más eficaces.


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